Por Lucas Viano l Especial.
Los viernes al anochecer, la zona del Mercado Norte tiene cierto aire lúgubre y misterioso. Los negocios están cerrando sus persianas de metal y la gente va vaciando las calles. Sólo sobreviven algunos cartoneros y un par de comerciantes que esquivan a prostitutas y travestis para baldear su vereda. No obstante, el olor a carne cruda y a cebolla que emana de los locales no desaparece.

Un raro símbolo sobrevive en el frente de la antigua y ruinosa casona ubicada en la calle Igualdad al 100. Adentro, sólo se ve una tenue luz y algunos escombros. Al tocar el timbre, un hombre vestido de impecable traje negro y corbata atiende la puerta. El misterio aumenta.

Se llama Adolfo. Me da su teléfono para fijar un día y otro lugar para hacer la entrevista. “Acá no hay gente todos los días. Es sólo un lugar de reunión de la Gran Logia”, dice.

Parte del misterio se desvanece en el bar del reencuentro. Finalmente, la entrevista se concreta en la rara casona. “Tiene unos 80 años. La heredó la Gran Logia de la familia de Joaquín V. González después de su muerte. Ahora está estropeada por la humedad, pero de a poco la vamos arreglando”, cuenta Adolfo, quien resultó ser el consejero de la región Córdoba de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones.

Adolfo –su identidad completa nunca será develada– es masón desde los 26 años cuando un amigo lo invitó a participar. Ahora tiene 36 y se dedica a la venta de libros. Para acceder a la entrevista, Adolfo debió ser autorizado desde Buenos Aires por el Gran Maestro de la Gran Logia Argentina, Sergio Nunes.

Los comienzos

La Gran Logia de la Argentina nace formalmente el 11 de diciembre de 1857. Anterior a ella funcionaban muchas logias integradas por personajes célebres de la historia patria como San Martín, Belgrano o López y Planes, pero dependían de logias extranjeras, como las de Chile o Uruguay. La influencia masónica en la construcción y destino de la patria fue notable hasta 1938. De hecho, desde Rivadavia hasta esa fecha 14 presidentes fueron masones.

“Durante esa época, la masonería fue una sociedad de peso que tenía gran influencia política. Se confundían las dos cosas, los círculos eran los mismos. Luego, con la llegada de movimientos más populares, como el radicalismo y el socialismo, la influencia masónica en la política decayó”, relata Adolfo.

En Córdoba, la logia “Piedad y Unión” es la primera en formarse en 1868. Aún funciona. “Dos de sus organizadores fueron Sebastián Samper y el general Del Campillo. Un par de años después, Marcos Juárez y Miguel Juárez Celman terminaron siendo los miembros determinantes. En ese entonces, participaba gente muy prominente de la sociedad cordobesa”, señala el entrevistado.

Por esta logia pasaron personajes como Florentino Ameghino, Carlos Casaffousth, Figueroa Alcorta, Lazcano Colodrero, Manuel Lucero (fundador de la Facultad de Ciencias Médicas), Mateo Luque (gobernador de Córdoba), Félix Olmedo, Luis Revol (intendente de Córdoba y fundador del Jockey Club), Julio Roca hijo (vicepresidente de la Nación), el médico Pedro Vella (el Hospital de Clínicas lleva su nombre) y José del Viso, entre otros.

Otras personas ilustres que participaron de logias cordobesas fueron José María Argañaraz, Santiago Derqui, Sebastián Carbó, Juan Bialet Massé, Mariano Fragueiro, Leopoldo Lugones, Pablo Pizzurno, Saúl Taborda y Wenceslao Tejerina.

Misterioso club de barrio

El diálogo con Adolfo transcurre en una de las habitaciones de la casona. El lugar parece un salón de cualquier club de barrio: sillas de metal, tablones de madera como mesas, cubiertos y platos de todas las formas y colores y algunos armarios con varios libros. En el centro de una mesa un busto de San Martín está rodeado de láminas de Belgrano, Sarmiento y del venezolano Francisco de Miranda –padre de la masonería latinoamericana–, entre otros héroes.

En uno de los armarios están guardados los elementos para el rito masónico: mandiles, collarines y candelabros. De un perchero cuelgan varias corbatas. Adolfo explica: “Algunos hermanos las dejan acá. Es obligación estar de traje oscuro, como me encontraste la primera vez”.

“La historia de la masonería ha ido fluctuando con la historia de Córdoba. Hubo momentos en que había ocho logias y otras veces, tres. La mayor presencia masónica en Córdoba coincide con lo que se conoce como generación del ’80. Era una impronta cultural. Luego comienza a fermentar nuevamente con la generación del ’37”, relata.

Un momento importante para la masonería cordobesa fue cuando Sarmiento decide crear el Observatorio Astronómico y la Academia de Ciencias. Varios de los científicos extranjeros que vinieron a la Docta eran masones. Entre ellos, el primer director del Observatorio, el inglés Benjamín Gould. “Gould fundó la logia inglesa Southern Cross que depende de la Gran Logia de Londres y que aún hoy funciona”, aclara Adolfo. Otros ilustres científicos masones fueron Juan Thome, Jorge Pilcher, Adolfo Doering y varios más.

En aquella época el lugar de reunión de las logias era el club El Panal (Rivera Indarte 55) fundado por Marcos Juárez en 1887. “Ahí funcionaba todo. Es más, el ojo avezado, si observa el interior del edificio, se da cuenta dónde estaba el templo masón”, dice en tono confesional Adolfo. También había logias en Río Cuarto, Villa María, Unquillo y La Cumbre.

Durante esta época, la masonería ejerció una importante influencia en la educación. Un editorial del diario Los Principios del 16 de mayo de 1905 expresa: “Diríase a creer en hechos fehacientes, que tanto el Ministerio Nacional de Instrucción Pública como el Consejo Nacional de Instrucción Pública, se hallan en la Argentina en pleno auge masón”. Los masones también tuvieron una fuerte participación en la Reforma Universitaria de 1918. Su figura más prominente, Deodoro Roca, también fue masón.

Durante el peronismo, el desarrollo de la masonería fue normal pero no volvió a tener el peso político de antes. “Coincide con una cuestión cultural porque comenzó a ser mal visto por la sociedad. Algo de eso hay todavía. Esto no sucede en otros países, como Chile, Brasil, Estados Unidos o Inglaterra. Aquí, si vos confesás que sos masón la mayoría dice: ‘En qué se metió este tipo’”, relata Adolfo.

Durante este período sobresalen como masones varios políticos radicales como Amadeo Sabattini –quien pertenecía a la logia “Cosmos”, de Villa María– y Justo Páez Molina.

Los años ’70 para la masonería estuvieron marcados por la persecución sistemática. “Los militares tenían calificada a la masonería como un sitio de actividad política. Hubo allanamientos, hubo presos y también se debieron cerrar las puertas”.

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