Parte II Segunda mentira: Para avalar la tesis anterior, Brown hace pedazos el mito del santo grial. Este mito supone que quien encuentre el Santo grial, la copa que usó Jesús en la última cena para instituir la Eucaristía, será poseedor de muchos beneficios; por eso era celosamente buscado por los caballeros andantes de la edad media. Y ahí están todas las ficciones bellamente escritas sobre ellos, en particular las del Rey Arturo conocidas como el Ciclo Bretón (Sir Tomas Mallory “La Muerte de Arturo”). A Brown no le importa lo que dicen los creadores del mito. Él inventa otro y dice que es histórico y la verdadera interpretación de la leyenda: dice que el grial es un recipiente, el vientre de María Magdalena.
Tercera mentira: Brown dice que los Caballeros Templarios, conocedores del misterio del santo grial, construyeron las catedrales góticas con mensajes codificados que alaban y adoran a la mujer. De esta manera, para Brown estas iglesias están llenas de símbolos sexuales que representan la anatomía sexual de la mujer; así, la entrada de las catedrales góticas nos llevan al útero de la madre iglesia. Atroz y desagradable, ¿verdad? Brown sigue inspirado y nos revela que por esta veneración a la mujer y por conocer el verdadero significado del Santo grial los Caballeros del Temple fueron destruidos por la Iglesia.
La verdad: Los Templarios no construyeron ninguna iglesia, pues no estaban preparados en estas artes de la construcción. Su especialidad era el arte de la guerra y por ello eran temidos y respetados. Los templarios crearon la Carta de Cambio: en sus monasterios instalados a lo largo de la ruta de Europa a Tierra Santa guardaban dinero que entregaban a los ricos peregrinos cuando lo necesitaban, previo depósito hecho por estos en Europa; por este servicio y por la protección brindada a dichos peregrinos cobraban una comisión.
Esta función de banca primitiva y las grandes donaciones que les hicieron los convirtieron en una organización muy rica y poderosa. La orden tuvo un importante papel en el sistema financiero de Europa, principalmente en Francia hasta 1306. Como Felipe IV de Francia tenía con los templarios deudas impagables, en 1307 los mandó arrestar, con las protestas del Papa Clemente. Los templarios fueron destruidos por razones de dinero, no por construcciones o esoterismo alguno. (“El Juicio de los Templarios” de la Complutense de Madrid).
Notará el lector que no tocamos aspectos religiosos ni de fe, es suficiente con los apuntes hechos sobre las mentiras objetivas y fácilmente demostradas como tales. Sin embargo, la ofensa hecha a la creencia de más de mil millones de seres humanos es suficiente para desacreditar este mamotreto.— Campeche, Campeche.



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