Caso no resuelto: Durante dos siglos, profesionales del Arte de Curar, participan de debates y especulaciones para dilucidar el misterio que rodea su fallecimiento. Una ardua labor, basada en una historia clínica armada igual que un rompecabezas, en datos recogidos u obtenidos de cartas familiares, en hipótesis y en una falta de prueba por la ausencia del cadáver. ¡Pero si se trata del gran compositor, como puede ser esto posible! (me parece escucharlo a Ud. opinar en silencio).
Amigo lector, Mozart no era Mozart cuando muere, al menos como el mundo lo comprende años más tarde. Por eso su entierro es el de un hombre común. Además, el Emperador había decretado que los cementerios debían estar fuera de la ciudad y las inhumaciones se realizan en tumbas con capacidad para varios féretros, pero no podían tener lápida que los identificara.(¿?) Esto está reservado para gente importante. Los funerales, a causa de las tensas relaciones entre el Iluminismo y la Iglesia son austeros y se llevan a cabo luego de la caída del sol con el objetivo de preservar a Viena de espectáculos trágicos.
El cortejo fúnebre está prohibido. Los cuerpos se depositan por la noche para ser inhumados al día siguiente por el enterrador. Dicha costumbre se mantiene sólo por 20 años, pero está vigente en 1791. Los cofrades masones se encargan de los ritos de la ceremonia y es lícito pensar que proceden con una lógica que el mismo Mozart hubiera aprobado. Aclarada la cuestión, pasemos ahora a "re - construir" la historia clínica. A pesar de que el padre lo describe como "enfermizo y débil", las únicas dolencias severas de su niñez son tifoidea y viruela. A los 6 años contrae una infección estreptocócica. Se suceden episodios de fiebre y de dolor en las articulaciones que harían "sospechar" de una fiebre reumática. Mozart no padece enfermedades serias hasta los 26 años, cuando los médicos le diagnostican "un enfriamiento en los riñones", traducido: un cólico renal breve y violento...A los 33 se queja de períodos intermitentes de depresión, malestar general, cefaleas y vómitos. Es cuando se convence, que lo han intoxicado con "acqua toffana", un veneno compuesto por arsénico y plomo, sin embargo la evidencia que analizan con criterio forense, descarta esa posibilidad en la que se apoya luego Peter Shaffer, en el filme "AMADEUS", para echarle la culpa a Salieri. Los detectives médicos, no se han puesto totalmente de acuerdo (se presentaron hasta el momento ¡150 diagnósticos distintos!), pero, digamos que "aceptan" que fallece a consecuencia de una fiebre militar, una complicación aguda de una enfermedad renal crónica, producto de la infección estreptocócica contraída en la infancia. El doctor J. Davies, en un estudio reciente, agrega a lo expresado, una hemorragia cerebral y bronconeumonía fulminante. Según Davies, los efectos secundarios de la insuficiencia renal (situémonos en los tratamientos y conocimientos de la época en que suceden los hechos) le provocaron cambios a su personalidad y delirios, lo que explica la obsesiva idea de Mozart de haber sido envenenado, y de que la misa de Réquiem que le han encargado, la compone para su propio funeral: en realidad aquí no hay misterio alguno. Lo encarga el conde Walseg - Sttuppach, que es "aficionado" a presentar creaciones ajenas como suyas y quiere que lo toquen en la misa del primer aniversario del fallecimiento de su esposa, Anna. Paga el anticipo que exige Mozart, e incluso se compromete a aumentar la suma, si mantiene en secreto la autoría.
Amadeus, es conciente de ello, pero su salud está tan quebrantada que lo percibe como un presagio de muerte, igual que si estuviera tallando con notas su epitafio. Amigo lector, supongo que en este instante lo abruman tantas conjeturas como preguntas sin respuestas. Le sugiero borrarlas de la mente. Poco interesa donde descansen sus huesos y cenizas. Que la desaparición física de Mozart se haya transformado en un caso no resuelto. Nos dejó el "milagro" de su música. Una música que embriaga el alma y los sentidos, que perdurará por siempre....

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