La leyenda ubica en este pueblo quirosano un asentamiento de la orden, al que podría corresponder una necrópolis recién excavada
¿Hubo caballeros templarios en Bueida? La pregunta sigue sin respuesta, aunque la excavación de una necrópolis medieval en la que se han hallado ocho tumbas da alas a esa hipótesis. Falta, en todo caso, un estudio detallado de los restos, muy deteriorados, para poder confirmar tal suposición, que sustentan tres referencias documentales históricas. Otra cata arqueológica, cerca de la capilla, podría aportar más datos.
El misterio de la presencia templaria en Bueida sigue sin desvelarse. Las recientes excavaciones de la necrópolis medieval no aportaron novedades relevantes. Ocho tumbas fueron descubiertas en la cimentación de unas casas de aldea. Los arqueólogos excavaron tres de ellas, coincidentes con el muro de la construcción: una de ellas, de un niño de 7 u 8 años; las otras dos, de personas mayores. Todas ellas observan la tipología medieval, pues están delimitadas con lajas laterales y con una tapa de piedra.
Los restos óseos hallados se encontraban debajo de una antigua cuadra. Sin cimientos, fue construida encima de este cementerio medieval. Se da la paradoja de que una de las tapas de piedra que cubría un enterramiento servía también de solera de la construcción ganadera. La actividad ganadera, al humedecer y acidificar el suelo, aceleró el deterioro de los restos humanos, que se encontraban fragmentados y en muy mal estado. No apareció ningún material arqueológico asociado. Estos elementos son los que aportan información adicional sobre la época, el uso de la necrópolis y otros datos de interés.
Los arqueólogos delimitaron el perímetro de la necrópolis, que puede abarcar unos cien metros cuadrados aproximadamente. Esto revelaría la presencia prolongada de una comunidad en el pueblo de Bueida, que fue parroquia hasta mediados del siglo XIV, pasando después a depender de San Bartolomé de Ricabo. Según avancen las obras, será precisa otra cata arqueológica en las cercanías de la capilla, donde podrían aparecer más tumbas.
La antigüedad del hallazgo puede determinarse por las fuentes documentales. Tres documentos contenidos en el Libro de los Testamentos (Liber Testamentorum) ya mencionan en el año 891 a Bueida y su iglesia de Santa María como una donación del rey Alfonso III a la iglesia de Santo Adriano de Tuñón. Más tarde se confirma la propiedad en el año 1100 por Alfonso VI. La última referencia, de 1385, señala que los vecinos de Bueida van a misa a Ricabo porque la iglesia está en ruinas. Esta última fecha marca el final del cementerio de Bueida, pero no se pueden datar los restos hasta que se realice un estudio más detallado, ya que incluso puede que el pueblo existiera antes del siglo XI de nuestra era.
Éstas son las realidades palpables. Bueida siempre irá unida a una ancestral leyenda popular que habla de la presencia de la Orden Templaria en el pueblo. Un monasterio en dicha localidad, con otro más pequeño en Fonfría, en el Camín Real o de las Reliquias para controlar el tránsito comercial hacia la Babia leonesa. Esta creencia popular fue transmitida de generación en generación con la sola constatación de un topónimo, El Caserón, que ubica el centro monástico. Después, en la década de los cincuenta, aparecieron tumbas al lado de la entrada de una cuadra, lo que avivó la historia con «huesos muy grandes» pertenecientes a personas muy altas. Tumbas debajo de la panera del pueblo y el descubrimiento de tumbas al lado de la capilla, el año pasado, y estos ocho enterramientos ahora.
Las encomiendas templarias se componían de pueblos, terrenos agrícolas y ganaderos y montes, situados en parajes de especial interés histórico o estratégico, o importantes por sus bellezas y recursos naturales. Cerca de Bueida hay filones de hierro y de azabache, minerales muy importantes en la Edad Media.



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