Hombres de armas

Hombres de armas como los almirantes Manuel Blanco Encalada, Luis Cabassa, Bartolomé Cordero, Mariano Cordero, Edelmiro Correa, Antonio

Somellera, Daniel de Solier, Enrique G. Howard, Enrique B. García; o los generales Juan A. Gelly y Obes, Wenceslao Paunero, Emilio Mitre, Benjamín Victorica, Félix Benavides, Eduardo Broquen, Emilio Conesa, Donato Álvarez, Nicolás Levalle, Eleodoro Damianovich, Cesáreo Domínguez, Rosendo Maria Fraga, Manuel Fernández Oro, Teodoro García, José M. Francia, Eduardo Racedo, Zacarías Supisiche, Nicolás Vega, Francisco J. Reynolds, Joaquín Viejobueno, Luis J. Dellepiane, sin olvidar figuras de menor graduación pero no por eso menos recordadas y apreciadas, como Luis Piedrabuena, Luis Py, Erasmo Obligado, Clodomiro Urtubey, Santiago J. Albarracin, Felix Dufourcq o Jorge Reyes.

Hombres de teatro

Hombres de teatro como Florencio Sánchez, Roberto Casaubon (conocido como Roberto Casaux), Emilio Onrubia, F1orencio Parravicini, Enrique García Velloso, Ezequiel Soria, Enrique Muiño, Enrique de Rosas, Luis Arata;

Artistas

o artistas como Carlos Enrique Pellegrini, Ignacio Manzoni, Prilidiano Pueyrredón, Mariano Agrelo, Martín Boneo, Ernesto de la Cárcova, Rogelio Yrurtia.

De todos ellos y muchos otros se ofrecen breves síntesis biográficas en la segunda parte de este libro, donde se da una extensa nómina de masones de la Argentina, con indicación precisa en cada caso de la actividad masónica que hemos podido comprobar.

El criterio que prevaleció para la selección fue dar a conocer la nomina de aquellos que tuvieron destacada actuación en el seno de la Gran Logia de la Argentina durante la centuria transcurrida y de aquellos otros que forjaron la libertad y grandeza del país en los diversos ordenes: las ciencias, la enseñanza, las letras, las artes, el periodismo, las profesiones liberales, las fuerzas armadas, las actividades políticas, el campo de la producción, de la industria o del comercio y las actividades gremiales.

Me he abstenido ex profeso de incluir eclesiásticos. Esa omisión se debe al deseo de evitar que su memoria, tan querida para los masones, sean ellos obispos, deanes o simples miembros del clero regular o secular, se vea librada a la irracionalidad del fanatismo.

Los Hermanos sacerdotes

En cambio se han incluido los nombres de sacerdotes que en forma publica rompieron sus vínculos con la Iglesia Católica Romana. Nombres como los de Julián S. de Agüero, el doctor Emilio Castro Boedo, el doctor Celestino Logia Pera, o el doctor José E. Labbe, es innecesario no mencionarlos, ya que en su momento los casos respectivos tuvieron gran notoriedad. La Iglesia, cuyos ministros fueron, en su hora tomó las medidas que creyó convenientes y ellos supieron asumir su propia defensa en la forma brillante que se recuerda. Además se incluyeron los nombres de aquellos sacerdotes católicos cuya militancia masónica era conocida en vida de ellos, como el caso de monseñor Miguel Vidal, del capellán de las fuerzas armadas José de Sevilla Vázquez y otros.

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