Las salas de piedra del castillo que los templarios fortificaron en la pequeña península de Peñíscola y que Benedicto XIII, el tenaz aragonés Papa Luna, convirtió en inexpugnable sede pontificia, durante el cisma de la Cristiandad, entre los siglos XIV y XV, alberga una atractiva retrospectiva del mundo de los corsarios y piratas.

La exposición “Piratas: los ladrones del mar”, organizada por la Diputación Provincial de Castellón e instalada por la empresa de exposiciones temáticas Cultura Entretenida, explica las causas por las que surgieron los piratas, los cometidos que tenían o al servicio de quienes estaban, su modo de vida, los barcos que tripulaban o el armamento que utilizaban. También cuenta la vida y aventuras de algunos de los piratas y corsarios más famosos de la historia. La exposición se puede ver hasta el 8 de enero de 2007.

A lo largo de la muestra se plantea la historia de la piratería, definiendo tres etapas. La primera: abarcaría desde los inicios de la práctica del comercio marítimo y se extendería hasta el siglo XIV. La segunda etapa, considerada como la edad de oro de la piratería, se enmarcaría entre los siglos XV-XVIII. La tercera etapa abarcaría desde el siglo XIX hasta la actualidad..
La muestra también explica el significado y la diferencia de palabras como piratas, corsarios, bucaneros, filibusteros que están tratados en la exposición a través de paneles explicativos y figuras tridimensionales.

El marco ideal para la exposición es el castillo de Peñíscola, una fortaleza que ocupa la zona más elevada del peñón sobre el que se sustenta la antigua ciudad de Peñíscola. Comenzado a construir en 1.294, por los caballeros templarios se concluyó la obra en 1.307, edificada a imagen y semejanza de los castillos de Tierra Santa. Pero la época más importante de sus más de 700 años de existencia es, sin duda alguna aquella en la que fue refugio de D. Pedro de Luna, el Papa Luna, Benedicto XIII. de la que perviven sus austeras salas sus sobrios patios y sus adustas torres.

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