El historiador dice que «Amadeus» no refleja la realidad del genio austriaco

Teresa CEMBRANOS

«Me encanta Mozart. Es una persona absolutamente genial y un auténtico niño prodigio». Así concluyó José María Manuel García-Osuna la conferencia ofrecida el martes en la Casa de Cultura en el marco del Club de LA NUEVA ESPAÑA. Crítico de música culta durante quince años e historiador hizo un repaso a la corta vida del músico austriaco, del que se celebra el 250.º aniversario de su nacimiento, y relató aspectos de su trayectoria quizá poco conocidos, como su pertenencia a una logia masónica. García-Osuna deleitó, además, a los asistentes con alguna de las creaciones del compositor, como un aria de la «Flauta mágica» y el concierto número 5 para violín.
Con respecto a la masonería, el historiador explicó que gran parte de sus obras están dedicadas a ella, como «La flauta mágica». «La mayor parte de la clase media en Austria está afiliada a la masonería. Mozart es un luchador social, como Bach o Beethoven. Tienen claro que forman parte de una élite cultural y no entienden que los músicos no estén liberados, como otros artistas de la época», señaló García-Osuna.

El crítico comentó también que «Amadeus», la conocidísima película de Forman sobre el genio, es «totalmente falsa». «No tiene nada que ver con la realidad y, sobre todo, con su muerte», explicó. Salieri es el gran perjudicado en este largometraje, al culpársele de su asesinato. «Salieri nunca tuvo ningún interés en meterse con alguien superior a él. Mozart murió por todas las enfermedades que padeció y porque la vida que tuvo no fue muy tranquila», aseguró.
García-Osuna también relató algunas anécdotas sobre Mozart, como su enfado con el arzobispo de Salzburgo -su ciudad natal-, su vida amorosa o sus inicios en la música. «La primera vez que tocó un violín su padre no le quería dejar porque, según él, no sabía. Tras quejarse, le dejó, pero a condición de que lo hiciera tan bajo que no lo oyera ni él. Finalmente, el artista que se encargaba del primer violín cesó de tocar e hizo que Mozart siguiera solo». También puso el acento en sus problemas económicos, ya que vivió siempre por encima de sus posibilidades. García-Osuna explicó que, según comentaristas de la época, en una ocasión que le dieron una gran cantidad de dinero en vez de pagar sus deudas «se compró un caballo para pasearse por la ciudad». La última etapa de su existencia estuvo marcada por la sospecha de que le estaban envenenando y por el encargo del réquiem, obra que no llegó a concluir. «Él tenía la sensación de que este réquiem iba a ser el de su propia muerte», terminó García- Osuna.http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pIdNoticia=371312&pIdSeccion=36&pNumEjemplar=1172