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La Coctelera

Categoría: Templarios

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LOS GRUTYNOS, UNA FANTASÍA ÉPICA EN LA BAHÍA SIN FONDO

Las Grutas (ADN).- Desembarcó en las páginas del diario Noticias de la Costa la historia de Los Grutynos, un relato épico que combina lo real con lo fantástico, que propone como escenario la geografía del Golfo de San Matías y que plantea la búsqueda de un bien absoluto que otorgue significado y sentido a las cosas, dando cuenta de la cultura e identidad de la región que, antiguamente, según la cartografía de la época, se conoció como la Bahía sin Fondo.
El argumento del óomic épico está inspirado en una hipótesis que propone la Fundación Delphos, coordinada por el ingeniero Fernando Fluguerto Martí, que postula que el Santo Grial —el cáliz que Jesús utilizó en la última cena y en el que se recogió su sangre en la Cruz— se halla debajo de la meseta de Somuncura, en el sur de Río Negro.
La historia tiene un fuerte componente mágico. Los Grutynos son seres longevos que viven en una dimensión distinta a la de los humanos, aunque pueden intervenir en sus vidas. Habitan en Grutópolis y tienen la misión, además de cuidar la naturaleza vírgen del planeta, de resguardar los tesoros que les dejaron los Caballeros Templarios, entre ellos el Santo Grial.
En los textos y colorida propuesta estética están explícita e implícitamente marcadas las huellas del patrimonio cultural de esta región de Río Negro. Los guiones y las imágenes dan cuenta de algunos de los escenarios naturales con los que cuenta la provincia, como la geografía de Las Grutas o la Meseta de Somuncura, además de incorporar rasgos de la cultura mapuche, a través de la utilización de ciertos vocablos de su lengua.
Los personajes principales son Grucyque, el Señor de la Bahía sin Fondo; su hijo, el príncipe Gruto; su nuera; la dulce Grutyna; sus nientos, Pulpyta y Pulpyno; e Yno, el duende marino. Cada uno de estos personajes que viven en Grutópolys fueron pensados para comunicar la nobleza que habita en la personalidad de cada ser humano.
La tira propone un acercamiento a las historias reales de la región. Por ejemplo, en sus episodios iniciales se narran las peripecias de Graiel, un joven pulpero con el cualquier poblador de las afueras de Las Grutas podría sentirse identificado.
La idea original de la historieta pertenece a Alberto Noy y fue llevada al papel por reconocidos profesionales en el ámbito nacional, como el dibujante, historietista y animador Ramón Angel Gil; el dibujante y guionista del personaje Pato Donald para Disney en Argentina, José Massaroli; y Raúl Barbero, entintador que supo integrar el equipo de producciones de García Ferré en "Hijitus", "Manuelita" y "Dibu", además de colaborar en Cartoon Network y Warner Bros.

El Santo Grial y los Templarios

Según la leyenda, el Santo Grial fue el cáliz, copa o vaso que usó José de Arimatea para recoger la sangre de Jesucristo en la Cruz. En casi todas las versiones de la leyenda, es la misma copa o vaso usado por Cristo en la última cena. Según la leyenda española, el verdadero Grial es el que se encuentra en la Catedral de Valencia después de haber permanecido por mucho tiempo en el monasterio de San Juan de la Peña.
El término «grial» proviene de graal, en inglés medio (1150-1475), del francés antiguo grail, del latín medieval gradalis.
Sangreal es otra denominación para el Santo Grial. La palabra proviene de la sucesión Sang Real, San Greal, Sangre Real, Santo Grial. La frase "sangre real" se deduce de la sangre que corría por las venas de Jesucristo, según ideología antigua, Cristo fue descendiente de reyes y esto es asociado con los capítulos de la Biblia dedicados a narrar la Eucaristía como un proceso en el cual vierte y entrega su sangre al mundo.
En la Edad Media existía un grupo de hombres que se hacían llamar la Orden del Santo Grial (La Orden del Temple o de Los Caballeros Templarios), que pretendían resguardar tanto el cáliz como la lanza con la que fue herido Jesucristo.
Según ellos, el cáliz habría pertenecido al servicio de mesa de José de Arimatea, un rico comerciante judío, que según la Biblia cristiana, organizó la Última Cena.
José de Arimatea habría solicitado a Poncio Pilatos que se le entregara el cuerpo de Jesús (a quien hizo enterrar en una tumba de su propiedad) y la lanza con que fue herido (que quedó en su poder, junto con la copa).
Como José era un rico comerciante, en un viaje de negocios habría llegado hasta Albión (isla mitológica que se identifica con Gran Bretaña). Allí se quedó a vivir y levantó la capilla de Glastonbury.
Al morir José de Arimatea se dice que se fundó la Orden del Grial para custodiar las reliquias. En la época del rey Arturo el guardián de las reliquias era Sir Pelles. Balin quiso robar las reliquias a Pelles y se batieron en un duelo pero al perder su espada Balin ante Pelles tomó la lanza sagrada y le hirió, pero inmediatamente el castillo se derrumbó debido a la profanación de la reliquia.

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Supuesta "antigua cruz española" resultó vaina de espada masónica

Un fragmento de metal que se pensaba provenía de una cruz portada por los primeros españoles que llegaron a Colorado, en el suroeste de EEUU, es, en realidad, parte de la vaina de una espada ceremonial masónica de época más reciente.

Así lo aseguró Dave Bailey, director de historia del Museo del Oeste de Colorado, quien durante los últimos tres años se había dedicado a buscar esta pieza.

El fragmento metálico fue desenterrado cerca de la ciudad de Grand Junction en 1961 y luego permaneció al cuidado de dos curas en una iglesia católica de la localidad de Pueblo, en el sur del estado de Colorado.

El pasado 20 de junio, tras leer en un periódico local un artículo en el que Bailey pedía ayuda para localizar la "cruz", uno de esos sacerdotes, Howard Delaney, de 94 años, recordó que estaba guardada en un gabinete de la Iglesia Cristo el Rey, y se puso en contacto con el autor del llamamiento para hacérsela llegar.

A principios de esta semana, por primera vez se realizaron análisis científicos de la pieza de metal, que mide unos 12 centímetros de largo por dos de ancho y tiene tres figuras.

Se comprobó entonces que no es de bronce, sino de cobre, y que fue forjada después de 1850, dijo Bailey en una rueda de prensa.

"Es definitivamente de los Caballeros Templarios", sostuvo el historiador, y aclaró que se refería a un grupo masónico de Estados Unidos dedicado a la filantropía, y no a la conocida orden de caballería de la Edad Media.

Como no existen registros de la presencia de los masones en el oeste de Colorado a mediados del siglo XIX, Bailey cree que la pieza pudo llegar allí hacia 1880, cuando los primeros anglosajones se establecieron en el área.

Ya en 1961 varios especialistas que habían revisado fotografías del fragmento indicaron que sus figuras se asemejaban más a símbolos religiosos contemporáneos (por ejemplo, una cruz dentro de una corona) que a las imágenes tradicionales usadas por los sacerdotes españoles.

Sin embargo, como la pieza de metal se encontró cerca del Viejo Camino Español, se supuso que podría haber pertenecido a la llamada Expedición de los Padres Escalante y Dominguez, que recorrió el área en 1776.

Según Bailey, falta explicar cómo llegó esta vaina incompleta de una espada ceremonial masónica a una meseta de 3.000 metros de alto en el oeste de Colorado en 1880, ya que aún hoy no existen templos de este ritual en aquella zona del estado.

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Los últimos caballeros del Santo Sepulcro de Jerusalén

En Cantabria hay ocho miembros de esta asociación que defiende el cristianismo en el mundo y, principalmente, en Tierra Santa

Ocultismo, misterio, secretismo... Todo un mundo de intrigas levantado en torno a las órdenes de caballería y los templarios, que en los últimos años se han visto azuzadas por obras como el 'Código Da Vinci' o novelas históricas sobre las cruzadas, convertidas en 'best sellers' para deleite de las grandes editoriales.

Una delgada línea separa la realidad de la ficción, que muchos han cruzado sin ningún tipo rubor.

Una de las órdenes de caballería que más ríos de tinta ha generado es la del Santo Sepulcro de Jerusalén, fundada en 1099. Casi mil años después, sus actuales 25.000 miembros (de 44 países) siguen defendiendo los mismos principios de aquellos hidalgos caballeros, que nada tienen que ver con las superproducciones cinematográficas.

En Cantabria existen ocho miembros (dos damas, dos clérigos y cuatro caballeros), cuyo principales objetivos son «defender el cristianismo en el mundo y, principalmente en Tierra Santa, y sus valores, así como la manutención de su patriarcado (en Jerusalén, Palestina, Jordania, Chipre...), a través de donaciones», explicó el presidente de la sección de Cantabria, Julio Rafael Hardisson. Cada caballero o dama «colabora económicamente de acuerdo con sus posibilidades. Ese dinero es invertido también en obras de carácter cultural, asistencial y humanitario», agregó.

Históricamente, en España, la orden estaba dividida en dos capítulos: el de los antiguos reinos de Aragón y Castilla y León. Éstos fueron reestructurados recientemente, pasando a dividirse en secciones que corresponden a las diferentes comunidades autónomas. La de Cantabria se creó hace tres años de la mano de Hardisson, caballero desde hace 40 años.

Su sede está en la colegiata de Santillana del Mar, cuyo prior es el segundo de a bordo de la sección cántabra. Por este motivo han hecho suya también la festividad de Santa Juliana, en cuya procesión (que se celebrará mañana) los caballeros y damas de la orden ocupan un lugar destacado.

En cuanto a los requisitos para la admisión en la orden, que acoge a fieles cristianos laicos y eclesiásticos bajo la protección de la Santa Sede, está el practicar la fe cristiana, tener una conducta moral ejemplar y comprometerse en las obras de apostolado laico propias de la orden.

Pero además, deben presentar sus expedientes de Hidalguería a Fuero de España o los títulos que justifiquen la adquisición de una hidalguería personal. Esta última se adquiere a través del desempeño de «actividades profesionales importantes ya sea en el ejército, en la judicatura, la abogacía, el mundo empresarial...», explicó el caballero. En resumidas cuentas, «todo aquel que reúna los requisitos que en aquel entonces le hubiera merecido el título de Hidalgo».

Hardisson ofrecerá mañana, martes, una conferencia en el Ateneo de Santander, a las 20 horas, sobre 'La Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén: Una institución milenaria en los albores del siglo XXI'.

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Santo Grial oculto en Argentina

Sostiene Fundación argentina que herederos de los templarios custodian la reliquia en ciudad subterránea

Buenos Aires, Argentina (Agencia Reforma).- Los templarios españoles dicen tenerlo en la Catedral de Valencia, Indiana Jones lo buscó en el desierto árabe, mientras las logias de Francia lo protegen en la iglesia de Saint Marie de la Mer y el escritor Dan Brown lo igualó al vientre de María Magdalena en su libro El Código Da Vinci.
Pero todos están equivocados, porque el Santo Grial de los cristianos, de eso se trata, se encuentra oculto en el desierto de la Patagonia argentina.
Así lo sostienen los estudios, mapas y documentos de la Fundación Delphos, de Argentina, sobre los cuales su director, Fernando Fluguerto Martí, se vale para argumentar que aún hoy los herederos de aquellos caballeros medievales lo custodian en una ciudad subterránea.

"El Cáliz sagrado está en la meseta de Somuncurá, en el desierto patagónico, que es una inmensa planicie de 27 mil kilómetros cuadrados a mil 200 metros sobre el nivel del mar", define Fluguerto Martí en una extensa conversación con REFORMA.
"Está protegido por un inmenso escudo de roca basáltica y no se puede llegar a él ni con una bomba de hidrógeno", desafía.
¿Cómo excavaron la roca?
El sitio cuenta con entradas naturales, respiraderos, fuentes de agua potable y hasta energía, como si fuera una ciudad subterránea, un enclave templario a mil metros de profundidad.
Flugerto Martí es un ingeniero Industrial porteño con posgrado en Sistemas por la Universidad de Michigan. A sus 65 años está casado, tiene cuatro hijos, nueve nietos y la certeza de sentirse poseedor de la respuesta ante uno de los mayores misterios de la cristiandad.
El director de la Fundación Delphos jura que tiene contacto con los custodios del Grial.
"Su búsqueda será mi deber hasta el último día de mi vida. Si no me dejan entrar, ojalá la muerte me encuentre buscando al Grial como a tantos caballeros medievales. Porque venerar el Santo Grial es adorar al Espíritu Santo y eso es adorar a Cristo", declama.
¿Cómo llegó el Cáliz a la Patagonia?
En la versión de la Fundación Delphos, la historia comienza con la crucifixión misma, cuando José Arimatea huye hacia Francia en compañía de María Magdalena, su hermano Lázaro y otros apóstoles, y lleva consigo el Santo Grial.
Luego sigue viaje hacia sus posesiones mineras en la Bretaña donde funda la primer Iglesia que será conocida como Glastonebury (ciudad de la copa de piedra).
Lejos de allí, 11 siglos después, en 1118 nueve caballeros crearon la Orden del Temple para, decían, proteger sitios del cristianismo en Jerusalén.
El Rey Balduino les asignó el sagrado Templo de Salomón, que ellos abandonarían una década más tarde. La Orden se transforma en el mayor poder financiero, militar y político de Europa hasta que en 1307 el rey de Francia, Felipe IV, el Hermoso, y el Papa Clemente V deciden acabar ese poder con su ilegalización y ejecución de todos los miembros.
Según Martí, la mayoría de los Templarios huyó semanas antes por el puerto de La Rochelle con destino a Escocia, España, Portugal y, principalmente, la Patagonia, lugar al que llegaron gracias a los mapas que tomaron del Templo de Salomón y que trazaron siglos antes los comerciantes fenicios.
De hecho, aseguran que los viajes hacia América eran habituales y que la riqueza templaria provenía de la plata extraída de las minas del Potosí, en Bolivia.
Y así fue que cuando zarparon desde La Rochelle, los Templarios llegaron a enclaves patagónicos propios que las leyendas postcolombinas llamaron como "la Ciudad de los Césares".
Con la invasión española los templarios partieron, tras ocultar el Grial en la sagrada ciudad subterránea que dicen haber localizado, y con cuyos custodios aseguran haber entablado contacto tras unas 30 expediciones desde 1997.
¿Si ya saben donde está para que siguen buscando?
Buscamos acercarnos al Grial, que es el templo del Espíritu Santo. Queremos hacer méritos para que nos inviten a pasar, porque lo nuestro es una búsqueda profunda y esencialmente espiritual.
¿Cómo saben todo esto?
Hay cosas que no podemos decir. Pero ojalá todo el mundo de buena voluntad se acercara para venerar al Santo Grial.
¿Y por qué tanto ocultamiento?
Porque hay malos.
¿Quiénes son los malos?
Los que quieren retrasar el advenimiento de Nuestro Señor Jesucristo.

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Fenómenos: El Codigo da Vinci

La semana pasada se estrenó en todo el mundo la versión para el cine de "El Código da Vinci". Un catedrático de Oxford, Peter Conrad, aceptó el desafío de leer la novela de Dan Brown para intentar explicar por qué esta historia que combina intrigas, esoterismo y religión, ya obsesionó a más de 40 millones de lectores.
Por Peter Conrad (*)

Nueva York estaba llena de carteles negros desplegados a los lados de los edificios de muchos pisos, como rollos funerarios caídos directamente del cielo. "Sea parte del fenómeno", ordenaban. Al pie, en letras más pequeñas, se identificaba el fenómeno en cuestión: la película basada en El Código da Vinci de Dan Brown, dirigida por Ron Howard y protagonizada por Tom Hanks, que se estrenó esta semana en todo el mundo. Nos avisan que estemos preparados, como para la Segunda Venida. El Código da Vinci comenzó como culto secreto y sedicioso.
Después de vender más de 40 millones de ejemplares en 44 idiomas durante los últimos tres años, ha pasado a ser el fundamento de un movimiento de masas. Cuando la ficción es tan popular, nos dice mentiras que queremos creer desesperadamente.

El éxito contagioso del libro resulta tanto más curioso cuanto que El Código da Vinci aborda ideas. Su héroe es un intelectual acreditado, un académico (aunque muy distinto de los monstruos obsesivos con los que alterno en Oxford). Robert Langdon, el detective iconográfico de Brown, es "muy buen mozo" y pronuncia sus discursos aprendidos en una voz que es "una caricia para los oídos" (la mayoría de los catedráticos que conozco son grotescos como gnomos y cuando dan conferencias emiten un torrente de aceite de castor auditivo). Tal vez contribuya el hecho de que Langdon, un historiador de arte, estudia una materia inexistente: es "Profesor de Simbología" en Harvard. La trama para descifrar el código avanza a los tumbos a través de una serie de persecuciones, realizadas en autos, taxis, camiones blindados y aviones ejecutivos; en el camino, Langdon recapitula su investigación. A toda velocidad por
los Bosques de Boulogne, "hizo rápidamente la síntesis académica convencional de la historia aceptada de los Caballeros Templarios". Lo cual da muestras de un aburrimiento verdaderamente académico, ya que lo reclaman desde los arbustos toda una serie de llamativas prostitutas transexuales. Por suerte, mis colegas no sufren esas distracciones en sus circuitos por Oxford.

El sexo del Grial
La mayoría de las novelas de suspenso detonan explosivos; la bomba, en El Código da Vinci, es una teoría especulativa sobre la historia religiosa que hace volar a Dios en pedazos. El libro sostiene que el cristianismo se basa en una mentira misógina. Destituyendo al beligerante Dios de los Ejércitos, nos induce a adorar a la Diosa, a caer en el seno del "femenino sagrado perdido". Esta deidad matriarcal aparece en las pinturas de Leonardo da Vinci. A ella pertenece la mueca cautivante de la Mona Lisa, así como las lágrimas que derrama María Magdalena, la prostituta que (tal como Brown descifra en el código) es la esposa de Cristo, la madre de su hijo, el heredero legítimo de su iglesia y también disfrazado de mujer personificando a San Juan su compañero de mesa en La última cena de Leonardo.

Brown espera que se nos corte la respiración cuando identifica el Santo Grial el cáliz que contiene la sangre sacramental de Cristo como el seno fértil de Magdalena. Pero Wagner aventuró la misma tesis en los años 1870, y la escenificó en la Misa sacrílega de su ópera Parsifal: el medio de la impregnación es una lanza fálica blandida por el héroe parecido a Cristo y el fértil Grial uterino brilla con un destello suave. D. H. Lawrence contó la misma historia en El Hombre que murió, y en los años 40, Robert Graves escribió una novela, Rey Jesús, sobre el sexo de Cristo. El juez rechazó la acusación de plagio contra Brown presentada por los autores de El enigma sagrado porque estas herejías han sido moneda corriente de mitómanos durante décadas.

El Código da Vinci adapta la Biblia a los buscadores espirituales de la New Age. El malo de la novela de Brown, Sir Leigh Teabing un hombre de clase alta con aire cortesano que habla como un hippie dopado anuncia que "estamos entrando en la Era de Acuario", el tiempo en que se revelarán las verdades últimas. Acto seguido viene una proclamación: "Jesús fue el primer feminista". Quería que Magdalena se hiciera cargo de su iglesia, pero el pontificado institucionalizó el patriarcado, y el catolicismo rebajó y quitó derechos a las mujeres. Es reconfortante pensar que Cristo puede haber patrocinado la cofradía de mujeres, pero es poco probable. Igualmente ilusorio es pensar en reemplazar el misterio religioso por iniciación sexual. La heroína de Brown, Sophie, se topa con un rito pagano, donde los acólitos rinden culto copulando.
¿Quién no preferiría ir a una orgía a mordisquear una hostia y beber vino agrio? Al final de El Código da Vinci, Langdon deja de sermonear a Sophie y le da un beso. "Sus cuerpos ?suspira Brown?, se unieron, completamente". La consumación es la comunión: una fusión con la Madre Tierra, y una posibilidad para el macho anhelante de volver a llenar el Grial fisiológico de la mujer.

Ideología y poder
Más allá de que El Código da Vinci coquetee con la herejía, su verdadero tema no es la fe sino el poder. El arzobispo de Canterbury, al denunciar el libro en su sermón del domingo de Pascua, lo comparó con la campaña de los periodistas Woodward y Bernstein, que desmenuzaban las evasiones y los engaños de la administración Nixon en Todos los hombres del Presidente. Brown señaló en una oportunidad que "la Biblia no llegó por fax del cielo"; es un documento manipulado y depurado. El Arzobispo de Canterbury respondió criticando la tendencia a tratar los textos bíblicos como "gacetillas de prensa de alguna fuente oficial". Pero, ¿realmente está dispuesto a afirmar que Moisés escribió el Génesis tomando dictado de Dios en el Monte Sinaí?

En la novela de Brown, la omnisciencia de la divinidad está garantizada por la vigilancia electrónica. Las cámaras de seguridad en el Louvre envían el mensaje "Lo estamos viendo". Pero esta pretensión de visión divina es falsa: nadie se ha molestado en encenderlas. Allá en Washington, la tecnología del control es menos defectuosa, y la policía de Dios lleva a cabo una vigilancia más estrecha sobre la humanidad indócil. La primera novela de Brown, La fortaleza digital, trataba de un hacker que invade la computadora de la Agencia de Seguridad Nacional. A mi entender, El Código da Vinci funciona mejor como un comentario astutamente alegorizado sobre las batallas ideológicas del presente.

El asesinato en el Louvre es ordenado por el obispo Aringarosa, que lucha contra un Papa liberador desde las oficinas del Opus Dei en Madison Avenue. Cuando Aringarosa se arma contra "las manos que amenazaron destruir su imperio", se parece a los gerentes letales de otro imperio que está tan resuelto como la Iglesia Católica a universalizarse, y que en Afganistán, Irak e indudablemente bastante pronto en Irán también libra guerras en nombre de Dios. El argumento de Brown alude al concilio convocado por Constantino en Nicea en el año 325 d.C, donde los padres de la Iglesia dieron a Cristo igual rango que a Dios Padre. Deificar a Cristo lo liberó de la política terrenal, anulando su papel de defensor de los pobres y los oprimidos. El ascenso fue útil para los objetivos políticos de Constantino: vio el cristianismo como una manera de consolidar su imperio e imponer un credo a todos sus súbditos.

¿Suena conocido? Poco después del 11/9, George W. Bush llamó "cruzada" a su guerra contra el terrorismo. Tal como indica tamaña jactancia mesiánica, Estados Unidos es el Sacro Imperio Romano renacido, con el agregado de un arsenal nuclear. Se legitima apropiándose de símbolos.
Langdon señala que el pentáculo (símbolo de cinco puntas) un antiguo ideograma que alude a los valores femeninos del amor y la fertilidad está pintado actualmente en los aviones de combate estadounidenses y cosido en las hombreras de los generales del Pentágono. Este robo simbólico coincide con la denigración de la otra mitad, que es la mejor, de la humanidad. La izquierda, según Langdon, es el lado femenino del cuerpo; palabras acuñadas como "gauche" y "sinistra" implican que todo lo que se inclina hacia la izquierda debe ser inepto o no digno de confianza, mientras que la derecha, por ser masculina, siempre es justa. Brown, un progresista de New England, ansía un tiempo
en que las mujeres tomen el poder, restablezcan el culto a la Madre Tierra y pongan fin a las "guerras cargadas de testosterona" que nos acosan. Algo improbable, diría yo.

Obsesiones compartidas
Brown racionaliza el atractivo de su novela en una de las reflexiones de Langdon, tan significativa que es exaltada por la cursiva: "La conspiración nos gusta a todos". Bueno, no es que las conspiraciones nos gusten exactamente: igual que al taxista enloquecido que interpreta Mel Gibson en El complot, nos atormentan, nos llevan a una paranoia ininteligible por nuestra sospecha de que el mundo es gobernado por un conjunto de aprovechadores que eliminan como si nada a individuos que se les cruzan en el camino. Las teorías conspirativas simplifican la historia y concentran la culpa. Descartan lo aleatorio y atribuyen a los hechos el asesinato del presidente Kennedy, el accidente de tránsito que mató a la princesa Diana un propósito desviado y a menudo malévolo. En ese sentido, El Código da Vinci puede usarse para identificar a los verdugos de Diana y para explicar los motivos que tenían para deshacerse de ella. Un rumor fantástico explicado en Internet rastrea sus ancestros hasta la dinastía merovingia, el linaje real francés que supuestamente descendía de la progenie de Cristo y Magdalena; el túnel del Pont de L''Alma, donde murió Diana, está ubicado en el lugar de las primeras tumbas merovingias.

En una narración interpolada sobre simbolismo masónico y el arco de piedra angular, Langdon dice que "todo está interrelacionado". La conspiración es el equivalente en la tierra de la Teoría Unificada que los científicos que conectan la física y la astronomía para, como dice Stephen Hawking, "ver dentro de la mente de Dios" proyectaron al cielo. Dicen que Langdon "ve el mundo como una telaraña de historias y hechos entrelazados". Lo que Brown quiere decir, por supuesto, es que su héroe considera el mundo como la World Wide Web. La novela ve Internet como una nueva clase de comunidad virtual, donde los que piensan igual pueden unirse para explorar obsesiones compartidas. "Los aficionados del Grial", como dice Langdon, chatean en forma maníaca sobre la iconografía de una pintura de Leonardo en foros y espacios de chateo. Sophie explica el criptex de Leonardo como un anticipo de las contraseñas y los nombres de usuario que todos utilizamos para codificar nuestras identidades: él lo inventó como un medio para enviar mensajes protegidos "en una época sin teléfonos ni correo electrónico".
Confiamos nuestros secretos números de tarjetas de crédito, mensajes eróticos al éter, y esperamos que la encriptación los proteja. Los lectores del libro de Brown pueden perderse fácilmente en este laberinto: El Banco de Depósito de Zurich, donde está guardado el criptex de Leonardo, es una institución ficticia, aunque Brown y sus
publicistas le hayan inventado un sitio web especial. Dan Burstein, el editor de un libro de ensayos sobre el fenómeno, señala que El Código da Vinci tiene que ver con las otras "búsquedas del Santo Grial" que nos entusiasman ?el esfuerzo por descubrir los
secretos del genoma humano, por ir a Marte, por entender el Big Bang".
El desenlace, no obstante, es menos cósmico. Al final, Langdon, sigue un meridiano místico por las calles de París. El camino lo lleva hasta la pirámide invertida que apunta su vértice vidrioso hacia el piso justo frente a la mega-tienda Virgin en el Carrousel del Louvre. Aquí, en definitiva, está ubicado el Grial moderno, en una catedral mercantil
cuyos anexos sagrados están ocupados por Body Shop y Sephora; la búsqueda se degrada a expedición de compras. El Código da Vinci ya ha generado juegos de mesa, DVD explicativos con tours a los sitios donde transcurre, y una sucesión de ediciones ampliadas ilustradas: los editores descubrieron la manera de convencer a los lectores de comprar más ejemplares del libro que ya tienen. La película naturalmente extiende la operación de franquicia.

Cuando Teabing vocifera: "La historia más grande jamás contada es la historia más vendida", se refiere a la versión inexacta de la vida de Cristo comercializada por la jerarquía católica, pero podría perfectamente estar describiendo la novela de Brown. Langdon le recuerda a Sophie que toda fe es una invención, y dice que los problemas surgen solamente "cuando empezamos a creer literalmente en nuestras propias metáforas". Los lectores cegados de Brown hicieron caso omiso a esta advertencia solapada. En el libro, nunca se sigue el rastro del Grial porque el libro mismo es el Grial: no un recipiente lleno de gracia o de sangre sagrada, sino una bolsa de papel o de plástico con un elixir falso que promete resolver todas las aflicciones espirituales y aclarar el sentido del universo.

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Las mentiras de “El código Da Vinci”, un escándalo mayúsculo

Parte II Segunda mentira: Para avalar la tesis anterior, Brown hace pedazos el mito del santo grial. Este mito supone que quien encuentre el Santo grial, la copa que usó Jesús en la última cena para instituir la Eucaristía, será poseedor de muchos beneficios; por eso era celosamente buscado por los caballeros andantes de la edad media. Y ahí están todas las ficciones bellamente escritas sobre ellos, en particular las del Rey Arturo conocidas como el Ciclo Bretón (Sir Tomas Mallory “La Muerte de Arturo”). A Brown no le importa lo que dicen los creadores del mito. Él inventa otro y dice que es histórico y la verdadera interpretación de la leyenda: dice que el grial es un recipiente, el vientre de María Magdalena.

Tercera mentira: Brown dice que los Caballeros Templarios, conocedores del misterio del santo grial, construyeron las catedrales góticas con mensajes codificados que alaban y adoran a la mujer. De esta manera, para Brown estas iglesias están llenas de símbolos sexuales que representan la anatomía sexual de la mujer; así, la entrada de las catedrales góticas nos llevan al útero de la madre iglesia. Atroz y desagradable, ¿verdad? Brown sigue inspirado y nos revela que por esta veneración a la mujer y por conocer el verdadero significado del Santo grial los Caballeros del Temple fueron destruidos por la Iglesia.

La verdad: Los Templarios no construyeron ninguna iglesia, pues no estaban preparados en estas artes de la construcción. Su especialidad era el arte de la guerra y por ello eran temidos y respetados. Los templarios crearon la Carta de Cambio: en sus monasterios instalados a lo largo de la ruta de Europa a Tierra Santa guardaban dinero que entregaban a los ricos peregrinos cuando lo necesitaban, previo depósito hecho por estos en Europa; por este servicio y por la protección brindada a dichos peregrinos cobraban una comisión.

Esta función de banca primitiva y las grandes donaciones que les hicieron los convirtieron en una organización muy rica y poderosa. La orden tuvo un importante papel en el sistema financiero de Europa, principalmente en Francia hasta 1306. Como Felipe IV de Francia tenía con los templarios deudas impagables, en 1307 los mandó arrestar, con las protestas del Papa Clemente. Los templarios fueron destruidos por razones de dinero, no por construcciones o esoterismo alguno. (“El Juicio de los Templarios” de la Complutense de Madrid).

Notará el lector que no tocamos aspectos religiosos ni de fe, es suficiente con los apuntes hechos sobre las mentiras objetivas y fácilmente demostradas como tales. Sin embargo, la ofensa hecha a la creencia de más de mil millones de seres humanos es suficiente para desacreditar este mamotreto.— Campeche, Campeche.

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Las mentiras de “El código Da Vinci”, un escándalo mayúsculo

Parte II Segunda mentira: Para avalar la tesis anterior, Brown hace pedazos el mito del santo grial. Este mito supone que quien encuentre el Santo grial, la copa que usó Jesús en la última cena para instituir la Eucaristía, será poseedor de muchos beneficios; por eso era celosamente buscado por los caballeros andantes de la edad media. Y ahí están todas las ficciones bellamente escritas sobre ellos, en particular las del Rey Arturo conocidas como el Ciclo Bretón (Sir Tomas Mallory “La Muerte de Arturo”). A Brown no le importa lo que dicen los creadores del mito. Él inventa otro y dice que es histórico y la verdadera interpretación de la leyenda: dice que el grial es un recipiente, el vientre de María Magdalena.

Tercera mentira: Brown dice que los Caballeros Templarios, conocedores del misterio del santo grial, construyeron las catedrales góticas con mensajes codificados que alaban y adoran a la mujer. De esta manera, para Brown estas iglesias están llenas de símbolos sexuales que representan la anatomía sexual de la mujer; así, la entrada de las catedrales góticas nos llevan al útero de la madre iglesia. Atroz y desagradable, ¿verdad? Brown sigue inspirado y nos revela que por esta veneración a la mujer y por conocer el verdadero significado del Santo grial los Caballeros del Temple fueron destruidos por la Iglesia.

La verdad: Los Templarios no construyeron ninguna iglesia, pues no estaban preparados en estas artes de la construcción. Su especialidad era el arte de la guerra y por ello eran temidos y respetados. Los templarios crearon la Carta de Cambio: en sus monasterios instalados a lo largo de la ruta de Europa a Tierra Santa guardaban dinero que entregaban a los ricos peregrinos cuando lo necesitaban, previo depósito hecho por estos en Europa; por este servicio y por la protección brindada a dichos peregrinos cobraban una comisión.

Esta función de banca primitiva y las grandes donaciones que les hicieron los convirtieron en una organización muy rica y poderosa. La orden tuvo un importante papel en el sistema financiero de Europa, principalmente en Francia hasta 1306. Como Felipe IV de Francia tenía con los templarios deudas impagables, en 1307 los mandó arrestar, con las protestas del Papa Clemente. Los templarios fueron destruidos por razones de dinero, no por construcciones o esoterismo alguno. (“El Juicio de los Templarios” de la Complutense de Madrid).

Notará el lector que no tocamos aspectos religiosos ni de fe, es suficiente con los apuntes hechos sobre las mentiras objetivas y fácilmente demostradas como tales. Sin embargo, la ofensa hecha a la creencia de más de mil millones de seres humanos es suficiente para desacreditar este mamotreto.— Campeche, Campeche.

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El código Montesinchi

Cristo pudo haber tenido descendencia y los merovingios hasta Dagoberto II haber sido la sucesión de lo que en el éxito de librería y taquilla vino a llamarse el Santo Grial o la Sang Raal.

Pero lo que intriga más son las declaraciones de Montesinos desde su prisión en la Base Naval en el sentido de que el evento de Locumba (el cual Humala describe como lo más importante después de su matrimonio) fue una vulgar cortina de humo destinada a distraer la fuga del agente traidor en el velero Karisma.

La apasionante y envolvente novela, que ante el pavor de la Iglesia Católica ha vendido más de 40 millones de ejemplares y recaudado casi 300 millones de dólares en su estreno mundial, se queda chica ante tal enigmático actuar del más famoso de los prisioneros de nuestro país.

Serán los Caballeros Templarios, noble casta guerrera y brazo armado del Priorato de Sión, aquella misteriosa logia que defendió (¿y defiende?) el secreto mejor guardado de la historia del cristianismo (el de la maternidad de María Magdalena y la igualdad de la mujer), aquellos que se volvieron prósperos y ricos cuando en los siglos 11, 12 y 13 se les asignaron grandes propiedades y fortunas, ¿la última motivación de nuestro Montesinchi?

¿Estará buscando la absolución a sus pecados a través de la venta de información? ¿Influencias? ¿En dónde está encriptado el código que devele tales misterios? ¿En la Base Naval, acaso la capilla Roslyn de nuestro acriollado juego de misterio?

En el sur de Francia, adonde María Magdalena habría llegado en bote acompañada de José de Arimatea, una supuesta Sarah representada por la virgen negra sería el eslabón que explique la historia de una sucesión de sangre que llega hasta nuestros días y que cambiaría sustancialmente todo lo que nos han enseñado los libros de historia católicos.

¿Será por otro lado el evento de la Base Naval otro suceso que nos haga cambiar la historia, mucho más nueva por cierto, que nos enseñaron los seguidores del candidato humalista?

¿Será el comandante un accidente de la historia que se sube al coche de la fama y arremete contra el statu quo cual Mesías que pretende llevarnos a la gloria?

Como éstas ya son muchas preguntas para tan poca columna, concluyamos mejor que lo que el país necesita no son más misterios ni incertidumbre; después del debate del domingo y en vista de las circunstancias, queda claro quién es el más apto para manejar el país. En cuanto al misterio, quizás sea mejor, como en la vida real, nunca saber la verdad.

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