“A veces nosotros también pecamos, o al menos faltamos, en nuestro uso de los medios, al dedicarnos a condenar más que a elogiar”,
aseguró este martes, 6 de marzo, el presidente del Consejo Pontificio
para las Comunicaciones Sociales, John Foley, al inaugurar la asamblea
plenaria.
El arzobispo estadounidense propuso hacer un examen de conciencia sobre la comunicación y constató que “todos hemos pecado; y lo hemos hecho no sólo como todos los hombres y mujeres lo hacen, sino también en el campo de las comunicaciones, a través de pecados de omisión y también de acción”
“Ciertamente,
es necesario identificar los males en la sociedad y alertar a la gente
contra ellos, pero nuestro esfuerzo más importante debería ser el de
proclamar el conocimiento y el amor a Jesucristo, nuestro Señor
misericordioso, y el bien que se hace en el mundo en su nombre”, dijo.
“¡Cuántas historias con “buenas noticias”
no son difundidas y con frecuencia ello sucede porque nosotros no las
difundimos!”, afirmó a los presentes en la asamblea: cardenales,
arzobispos, obispos, sacerdotes, religiosos y profesionales de la
comunicación.
“Casi todos saben que la Iglesia católica, reflejando las enseñanzas de Cristo, no aprueba las relaciones sexuales fuera del matrimonio, ya sea heterosexual u homosexual, pero, ¿cuántos conocen la existencia de residencias para jóvenes embarazadas o madres solteras, para niños huérfanos o para víctimas del SIDA, impulsadas por la Iglesia en todo el mundo y en el nombre de Jesucristo?”, preguntó a los presentes.
Incompatible con la fe católica
El
Vaticano no ha cambiado su postura sobre la pertenencia a la masonería.
La Iglesia, aclaró el regente del Tribunal de la Penitenciaría
Apostólica, el obispo Gianfranco Girotti O.F.M. Conv, “siempre ha criticado las concepciones y la filosofía de la masonería, considerándolas incompatibles con la fe católica”.
El
obispo recordó la postura de la Iglesia en el congreso celebrado el
pasado 1 de marzo en la Facultad Pontificia Teológica San Buenaventura,
en colaboración en colaboración con el Grupo de Investigación e
Información Sociorreligiosa de Italia (GRIS).
El último documento oficial de referencia es la «Declaración sobre la Masonería» , firmada por el entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger, el 26 de noviembre de 1983.
El texto afirma que los principios de la masonería “siempre han sido considerados inconciliables con la doctrina de la Iglesia; en consecuencia, la afiliación a las mismas sigue prohibida por la Iglesia”.
“Los
fieles que pertenezcan a asociaciones masónicas se hallan en estado de
pecado grave y no pueden acercarse a la santa comunión», añade la
declaración firmada por el actual Papa.
El
sacerdote Zbigniew Suchecki O.F.M. Conv., experto en la materia, afirmó
que “Los intentos de expresar las verdades divinas de la masonería se
fundamentan en el relativismo y no coinciden con los fundamentos de la fe cristiana”.
El anticristo, una ideología
Por
otra parte, el cardenal Giacomo Biffi presentó a Benedicto XVI y a la
Curia Romana “la advertencia profética de Vladimir S. Soloviev” sobre
el anticristo.
Biffi,
basándose en los escritos del filósofo y poeta ruso, que vivió entre
1853 y 1900, explicó que el anticristo, en realidad, consiste en
reducir al cristianismo a una ideología, en vez de ser un encuentro
personal con Cristo salvador.
Tal como publicábamos en una anterior información, “el anticristo se presenta como pacifista, ecologista y ecumenista” , recordó el arzobispo emérito de Bolonia.
“Cuestión de vida o muerte”
Benedicto
XVI tuvo el domingo 4 de marzo un especial recuerdo para la oración, al
meditar en el Ángelus dominical sobre la Transfiguración.
La oración es “una cuestión de vida o muerte”, pues de ella depende nuestra relación de amor con Dios, puerta para entrar en la vida eterna, dijo el Papa.
Al
dirigirse a los miles de peregrinos congregados en la plaza de San
Pedro del Vaticano, el Pontífice sacó esta lección del pasaje
evangélico de la liturgia de ese día, en el que se revivía el misterio
de la Transfiguración de Jesús.
“La
oración no es algo accesorio u opcional, sino una cuestión de vida o
muerte” afirmó hablando desde la ventana de su estudio en una estupenda
mañana soleada.
“Sólo quien reza, es decir, quien se encomienda a Dios con amor filial, puede entrar en la vida eterna, que es Dios mismo” añadió.
El obispo de Roma revivió los momentos en que Jesús subió al monte “a orar” junto con los apóstoles Pedro, Santiago y Juan y, “mientras oraba”, tuvo lugar el luminoso misterio de su transfiguración.
“Para un cristiano, por tanto, rezar no es evadirse de la realidad
y de las responsabilidades que ésta comporta, sino asumirlas hasta el
fondo, confiando en el amor fiel e inagotable del Señor”, indicó el
Santo Padre.
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